El Muralismo visto como un “objeto prisma” que se interpreta desde diversas caras. Parte 1. Patricia Torres

 

Semblanza del Autor.  Patricia Torres Aguilar Ugarte es nieta del Pintor Enrique Aguilar Ugarte Infante, de quien hereda la pasión por el arte y la vocación educativa. Patricia es Educadora, Licenciada en Educación y Maestra en Educación en Museos; desde hace ya tres décadas se dedica a la Educación en museos, desde iniciar su vida profesional en el Museo Nacional de Antropología, Museo Nacional de Arte, la Subdirección de Comunicación Educativa y la Dirección del Museo del Caracol en el INAH, México. En estos espacios ha desarrollado visitas, talleres, cursos de formación para maestros y otros educadores sobre interpretación del patrimonio, recursos didácticos, diseño de publicaciones, espacios de interpretación, entre otros. La investigación y formación sobre educación en museos ha sido una constante en su trabajo, actualmente colabora en NodoCultura, espacio en línea, en donde se generan artículos y publicaciones que plantean reflexiones sobre mediación, metodologías y prácticas educativas en museos; además, imparte cursos para maestros y educadores sobre diversos temas vinculados a la educación y museos, tanto a nivel presencial y virtualmente.

“El Paisaje Cultural tendría una función de apropiación simbólica del espacio público, en función de su denominación como sitio fundamental para un grupo de personas, en relación con las costumbres, tradiciones o con aspectos conmemorativos, que establece puntos de convergencia y unión del grupo en un tiempo cíclicamente definido que los une en torno a dicho espacio”[1].

  1. Antecedentes, lo que siempre se cuenta, la historia.

 

Desde el concepto de Tiempo, no solo como una medida lineal en la que los hechos y las experiencias toman un lugar en el ideario de una persona, un grupo o una nación, sino también desde la vinculación con la memoria, individual, la corporal, la personal, la intima y la colectiva, la que se comparte que tambien habla de un tiempo y un espacio en el que los recuerdos se agolpan en imágenes y emociones que quedan atrapadas en el cuerpo, los cuerpos y que salen a la luz para ser compartidas a otros en momentos muy concretos para ser registrados, una “ doble presencia del cuerpo como sitio de inscripción histórica y cultural, así como signo diferenciador en sociedades desiguales”[2].

Tal es el caso del  Muralismo[3] en México, que surgió en las primeras décadas del siglo XX, la obra mural se plantea como un espacio creativo ideal para expresar aquellos aspectos que interesan, preocupan o son necesarios trasladar al lenguaje del color y las imágenes, aquellas que posteriormente pueden ser interpretadas por múltiples espectadores que deambulan por ese espacio publico. Si vemos este formato de expresion plastica como un elemento creativo inmerso en lo que llamariamos actualmente como  Paisaje Cultural en donde el espectador asume un rol de participación, interpretación y colaboración importante, ya que al ser expuesto en un espacio publico, todos los agentes sociales se ven involucrados con y en dicha obra. “El Paisaje Cultural tendría una función de apropiación simbólica del espacio público, en función de su denominación como sitio fundamental para un grupo de personas, en relación con las costumbres, tradiciones o con aspectos conmemorativos, que establece puntos de convergencia y unión del grupo en un tiempo cíclicamente definido que los une en torno a dicho espacio, el cual el museo puede potenciar”[4].

El trayecto que ha tenido la intervención artistica de  los muros públicos como lienzos, viene casi desde las primeras expresiones del hombre utilizando colores naturales en las llamadas Pinturas Rupestres que tanto nos maravillaron con las propias manos reflejadas en la piedra, proyectando el cuerpo o aquellas escenas de cacería que hemos visto a través de documentales y que generan una serie de preguntas sobre las motivaciones, sentido y necesidades que los llevaron a realizarlo, quedando ahí para ser apreciadas por la posteridad.

 

En  la época prehispánica también se tienen ejemplos de obra mural que era colocada en edificios publicos tanto civiles como religiosos, en donde se representaban elementos emblematicos de la Cosmogonía religiosa y las clases sociales dominantes, tal es el caso de los murales  del llamado Tlalocan “Paraiso de Tlaloc” o el palacio de Xochiquetzal en Teotihuacan y de los que se conservan algunos fragmentos, en donde los artistas expresaron por encargo dichos temas y que con el paso del tiempo se fueron transformando de una expresión adoctrinante de un grupo dominante, hasta convertirse en una expresión social, de todos modos cargada de ideología y tendencias políticas, sociales, religiosas y culturales que como una forma de expresión cultural, plástica y semiótica particular, que nos permite analizarla desde diversos rubros.

Ya en los conventos en todo el pais, durante el Virreinato, se pintaron en los pasillos una serie de escenas  muy elaboradas que hablaban de las diversas órdenes religiosas, las historias del nacimiento y la pasión de Cristo, las ordenes religiosas y la vida de los santos, entre otros y que tenian la intención de difundir la religión a partir de dichas imágenes iconograficas que planteaban puntualmente una forma de ver dichos temas para que fueran transmitidos a los indigenas y adoctrinarlos.

En el caso del México independiente, el surgimiento de un movimiento artistico que tiene varias aristas desde las cuales observarlo y que se conoce simbolicamente como Muralismo Mexicano, se acuña en aquellas obras realizadas por innumerables artistas como Rivera, Siqueiros, Orozco, Montenegro, entre otros, en las primeras décadas y hasta mediados del siglo XX. Como se cuenta, después de la Revolución Mexicana, al empezar a estabilizar al pais, se tenia presente que contar con una política educativa fuerte era fundamental, ésta tarea fue encargada a  José Vasconcelos, que fungía como Secretario de Educación Pública. Con una visión “progresista”, romovió  que en espacios públicos institucionalizados se elaborarán estas obras plásticas que actualmente tanto admiramos; también se extendió en aquellas ciudades conformadas y en aquellos edificios de orden religioso, civil o educativo, para mostrar mensajes identitarios de la cultura imperante y que dieron a conocer en el mundo a algunos de estos artistas mexicanos considerados como iconos de este movimiento, aunque no fueron los únicos.

El lienzo de gran formato que implicaba el muro, permitió mostrar las temáticas elegidas  a más personas, ubicadas generalmente en espacios de circulación, públicos como la propia Secretaría de Educación Pública y que permitieron que todos los que transitan por ese espacio-tiempo,  entrar en contacto con ellos y establecer vinculos de significado con esas escenas y personajes, incluso formar parte de alguno desde la memoria corporal, a partir de la mediación de los propios artistas. Podían juntos intercambiar  ideas que estaban plasmadas en las escenas y así detonar el dialogo y la reflexión a partir de lo que se veía desde un angulo mucho mas cercano y vivencial que el que necesitamos generar nosotros después de un siglo, a partir de estrategias de mediación.

Las obras murales son un punto común en muchas culturas, las técnicas empleadas eran similares a las que surgieron desde el Renacimiento en las obras de Miguel Angel, como  el fresco o  el temple que imperan en muchas representaciones, así como  el uso de pigmentos, generalmente en polvo que provenian de la naturaleza y que daban tonalidades similares en obras de diferentes lugares del mundo. Por ejemplo, algunos muralistas mexicanos experimentaron con otras técnicas pictóricas que venían de las culturas prehispánicas, como el uso de la baba de nopal para fijar los colores en los muros.

 El arte urbano es otra de las caras del muralismo, se extendió por los Estados Unidos  a partir de los años 30 en que José Clemente Orozco, pintó entre otros, un monumental fresco, conocido como Prometeo, en Pomona College, en Claremont y Diego Rivera pintó algunos mura­les, entre otros sitios en la Casa de Bolsa de San Fran­cisco. Para el año 32, Siqueiros llegó los Ángeles como exhiliado político y en donde realizó 3 murales, por ejemplo el que todavia se conserva en el exterior de uno de los edificios de la calle Olvera, es el llamado América Tropical, y que conceptualmente era el resultado de una preocupación por la búsqueda de identidad que los inmigrantes chicanos tenían (permeado de los ideales revolucionarios de Siqueiros), así como la necesidad de tener una voz y presencia social, politica y económica real, lo que generó grandes controversias culturales e ideológicas, afirmó, “pinte un hombre … crucificado en una doble cruz, sobre la cual, orgullosamente, se posaba el guila de las monedas nor­teamericanas”[5]. Siqueiros hizo en estas obras un giro en el uso de los materiales al emplear una base de cemento y la pistola de aire para aplicarlo al fresco, así propiciar su durabilidad ante las inclemencias del tiempo.

Ya en la segunda mitad del siglo XX surge un tipo de muralismo o arte urbano de artistas en el llamado grafiti y posgrafiti  que incluyen firmas o tags, pinturas hechas en aerosol o incluso graficos muy claramente reconocibles por cualquier transeunte, hechos con grafitis, plantillas, pegatinas o carteles; aqui el muro publico no solo es un espacio de expresión artística, sino social, en donde individuos, sociedades civiles, organizaciones, grupos de vecinos o comunidades toman estos espacios públicos como propios y se comprometen con una lucha social o politica, aunque pintados de manera ilegal en paredes de casas, escuelas, mercados, etcétera.

[1] Torres AU, Patricia, Museos y Paisajes Culturales. Confluencia, interpretación y participación en el espacio público. http://nodocultura.com/2016/05/paisajes-culturales-confluencia-interpretacion-y-participacion/ [Consultado en 17 de abril de 2017]

[2] Aguiluz Ibargüen Maya, Memoria, lugares y cuerpos, Athenea Digital – num. 6 otoño 2004-  Consultado 14 de abril de 2017.

[3] Muralismo como algo que ocupa una extensión considerable de un muro, en el cual a partir de diferentes técnicas.

[4] Torres Patricia. Museos y Paisajes Culturales. Confluencia, interpretación y participación en el espacio público. NodoCultura  http://nodocultura.com/2016/05/paisajes-culturales-confluencia-interpretacion-y-participacion/ [Consulta el 14 de abril de 2017].

[5] Goldman, Shifra M. Siqueiros y tres de sus primeros Murales en los Ángeles, revistas, UNAM, http://revistas.unam.mx/index.php/cronicas/article/viewFile/17247/16425, PDF, página 54 [Consultado el 13 de abril de 2017]

 

 

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