¿Enseñar o Aprender en el museo?

Cuando visitamos un museo, damos por sentado que vamos a aprender aquellos aspectos que se exponen en sus salas de exhibición, así como lo aprendimos en la educación formal que nos vinculaba curricularmente en función de contenidos establecidos en cada grado escolar a los que pueden acceder los estudiantes a lo largo del año. Por su parte, el museo establece en la estructura de sus salas de exhibición una serie de temáticas, en ocasiones cronológicas que marcan lineas definidas de visita de principio a fin.

Si bien, la escuela pertenece a la educación formal, en la que los estudiantes van 200 o más días al año; es estructurada a partir de un programa anual, cronológico, graduado y secuencial, en donde los contenidos se basan en los hechos y conceptos , dejando rezagados los procesos y la valoración, las creencias y los sentimientos. Los estudiantes son un publico mayoritario en la mayor parte de los museos en todo el mundo, los planes y programas de las diferentes asignaturas vinculan al museo con la escuela, sus profesores   y estudiantes en visitas programadas en grupo y otras que hacen con amigos o familia para cubrir tareas asignadas.

Sin embargo, el museo pertenece a un ámbito muy diferente, el de la Educación no formal, que no es escolarizada, ya que los visitantes  acuden una o dos veces al año en promedio, se da en grupos de amigos o familiares o en comunidades o asociaciones civiles que acuden a él por motu propio en función de la temática de una exposición  o un museo particular. este tipo de educación se da en espacios no convencionales como los museos, parques y zoológicos, entre otros. Es cierto que también esta organizada, es decir, se planifica, tiene objetivos y con bases adaptadas del aprendizaje formal, por lo que es sistemática. En las últimas décadas ha tenido un proceso de transformación, con base en la necesidad de ponderar aspectos de calidad, más que de cantidad, procesos de interpretación, investigación y desarrollo de proyectos colaborativos.

En estas posibilidades educativas, encontramos un tercer factor o ámbito educativo, el informal, considerado el más abierto, ya que considera que el aprendizaje se da durante toda la vida; que sucede en cualquier momento y lugar, se puede tener una experiencia de aprendizaje en el día a día, en la interacción que podemos hacer con medio ambiente, tanto en solitario como en compañía de la familia, los amigos, etc. No es sistemático, ni lineal y si es abierto, permite múltiples disciplinas a partir de una metodología de indagación que permite múltiples lecturas.

Es el museo un punto central en la experiencia educativa del visitante, ya que permitirá y propiciará que sus acciones dentro del recorrido consideren por lo menos dos de las modalidades de educación:Por ejemplo, si los estudiantes van por la escuela y seguramente les interesa cubrir los contenidos curriculares, ya que están en el espacio expositivo el museo puede proponer otros contenidos adicionales, actividades y valores que den un plus a su vivencia, generando espacios en blanco en donde la educación informal pueda posibilitar el descubrimiento y el intercambio entre pares o con visitantes de diversos lugares, edades, géneros, culturas, lo que hará que su aprendizaje sea realmente significativo.

Como hacerlo es parte de las preguntas que los educadores del museo se hacen, por ejemplo, una de las primeras cosas a considerar es que haya interés por activar el conocimiento de los visitantes a partir del vinculo entre la motivación extrínseca que puede significar el espacio arquitectónico y expositivo del museo y aquella motivación  intrínseca que puede haber, aun en los escolares, por explorar los espacios y los objetos, hacer cosas  y detonar emociones. Propiciar aprendizajes, mas que enseñar a partir de dar al visitante algo que lo motive a visitar sus salas, que rompa sus expectativas iniciales con algo que lo sorprenda, a partir de anécdotas y referencias a la vida cotidiana.

Incluir los aspectos emocionales y las habilidades de las personas, a partir de la participación conjunta ayudará a que el aprendizaje sea vivencial, al elaborar procesos de dialogo, interacción para la toma de conciencia sobre los aspectos, contenidos, acciones y resultados de su recorrido, hasta llegar a casa o la escuela. Todo esto bajo una nueva visión de la experiencia de aprendizaje mucho más problematizadora.

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